Industria naval: en la cámara marplatense aseguran ser optimistas con lo que viene

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El sector trazó un balance negativo de los años kirchneristas. “No es mucho lo que necesitamos para demostrar nuestro potencial”, dice el documento dado a conocer en las últimas horas. El cambio de mando que encarnará Mauricio Macri a partir del 10 de diciembre en el gobierno nacional fue saludado con optimismo por parte de la Cámara de la Industria Naval de Mar del Plata.

 

En un comunicado, la cámara que agrupa a astilleros y talleres de la actividad naval repasó los problemas que enfrentó el sector durante el kirchnerismo.

“No se crearon líneas de crédito específicas para la construcción de buques. Fracasó el leasing naval del Banco Nación por falta de prefinanciamiento”, dice la nota firmada por Florencia Garrido, presidente de la entidad y Domingo Contessi, en su función de secretario.

Desde la Cámara aseguraron que perdieron la competitividad después de los primeros 5 años y se truncaron las expectativas de captar mercados externos de manera independiente. Tampoco se concretó el acuerdo de construcciones navales con Venezuela; ni el acuerdo de cooperación naval con Brasil.

“Tampoco se terminaron los buques Juana Azurduy y Eva Perón que se construyen en Río Santiago para PDVSA. No se terminó la reparación del Almirante Irízar en Tandanor, gastándose en la obra mucho más de lo presupuestado”, recuerdan en el sector.

Para colmo, en estos años la industria naval tuvo que ver cómo ingresaron en continuado al caladero nacional buques extranjeros usados; especialmente barcos pesqueros. Hasta el Estado importó buques usados como el Austral, construido en Alemania en 1969, ahora incorporado por el Conicet.

En un tiro por elevación al rol que cumplió el empresario naval Horacio Tettamanti desde la subsecretaría de Puertos y Vías Navegables, los industriales marplatenses apuntaron que “el deseo de un Gobierno de generar un Estado con excesiva e ineficaz injerencia en la actividad productiva privada, hoy solo puede mostrar como resultado que la famosa grieta también se trasladó a la industria naval”.

En ese sentido, remarcaron que en estos años hubo trabajo para pocos, como SPI, reparando buques del propio Estado. “Proyecto de leyes sin consenso –por tanto sin sanción- y fractura institucional, ha sido la única cosecha de una política sin norte conocido, errática y con poco interés en el bien común”.

Desde la Cámara ven con optimismo que haya un cambio. Aseguran que no es mucho lo que necesitan en esta primera etapa para demostrar su potencial. “Estabilidad económica, seguridad jurídica, competitividad, financiamiento para nuestros clientes y principalmente que dejemos de competir con la importación de barcos usados que el resto del mundo descarta”.

Para una segunda etapa la industria naval también sabe lo que necesita para crecer de manera sustentable. Una ley y autoridad de la industria naval acorde; la modificación de la ley que regula la hipoteca naval; líneas de financiamiento para los astilleros privados y la normalización de los astilleros en manos del estado nacional y provincial “para que dejen de ser cuevas de empleo ficticio y se conviertan en verdaderas herramientas de producción que sirvan a la economía sin competir deslealmente con la actividad privada”. (Por Roberto Garrone; Revista Puerto)

 

Fuente: nuestromar.org

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